Pública Buenas noches, compañerxs, comparto con vosotros mi sociograma, y con él, el texto que lo explica. Un saludo, Ane.
Las Karreras no es un paisaje.
Es un cuerpo.
Un cuerpo atravesado por tuberías, por carreteras proyectadas, por decisiones que se toman lejos.
Un cuerpo que respira humo, que aprende a convivir con el ruido, que se acostumbra —sin querer— a lo que no debería ser normal.
Este proyecto nace de ahí.
No de una duda.
No de un descubrimiento tardío.
Desde el principio tenía claro que quería hablar de la lucha vecinal.
Pero ha sido el proceso —el sociograma y la entrevista con un agente implicado— lo que ha amplificado esa idea inicial, lo que me ha permitido entender la dimensión real de esa lucha: su complejidad, su desgaste, su persistencia y su potencia.
He llegado aquí sin un camino completamente cerrado.
Avanzando, escuchando, recogiendo información, dejándome afectar por lo que iba encontrando.
Este proceso, cercano a la deriva, no ha cambiado el tema del proyecto, pero sí ha profundizado en él, permitiéndome identificar con mayor claridad los agentes implicados, las relaciones de poder y las tensiones que atraviesan el territorio.
Cada paso ha abierto una grieta.
Y dentro de esa grieta aparecen nombres, estructuras, relaciones.
No hay territorio sin conflicto.
No hay conflicto sin poder.
En el centro no está el proyecto.
Está la herida.
El sociograma sitúa en ese centro el territorio como espacio en disputa, donde se cruzan los distintos agentes y donde se materializan las consecuencias de las decisiones externas.
Las Karreras como un lugar donde unos deciden y otros asumen las consecuencias.
Alrededor, la vida.
Las casas.
Las huertas.
Las conversaciones en voz baja.
Las ventanas con carteles.
La memoria.
Ese espacio donde el daño no es abstracto, sino cotidiano.
“hemos terminado normalizando cosas que no son normales… el olor, el ruido… vivir al lado de la refinería”.
Se normaliza el daño.
Se vuelve paisaje.
Se vuelve rutina.
Y ahí empieza una de las violencias más profundas: la que deja de percibirse como tal.
En otro nivel aparecen los agentes que impulsan la transformación del territorio.
Petronor.
La industria energética.
El hidrógeno.
La variante.
En el sociograma, estos elementos se organizan como un bloque de poder económico que actúa directamente sobre el territorio.
No es un proyecto aislado.
“esto es la primera pieza del puzzle”.
Es parte de un sistema más amplio.
Un sistema que avanza, que se expande, que reorganiza el territorio en función de intereses que no son los de quienes lo habitan.
“esta carretera no está hecha para favorecer al pueblo, sino para dar facilidad a grandes empresas que hay detrás de este proyecto”.
Las relaciones aquí no son horizontales.
No son equilibradas.
El sociograma muestra claramente esta desigualdad: el beneficio se desplaza hacia el exterior mientras el impacto se concentra en el territorio.
El beneficio viaja.
El daño se queda.
Más arriba, pero conectadas directamente con todo esto, están las instituciones.
Gobierno Vasco.
Ayuntamiento.
Administración.
Estos agentes aparecen en el sociograma como responsables de la toma de decisiones y de la legitimación de los proyectos, evidenciando su papel dentro del sistema de relaciones de poder.
Son quienes permiten que esto ocurra.
Quienes lo ordenan.
Quienes lo hacen posible.
Y frente a todo esto, la resistencia.
Las asociaciones.
La plataforma Stop Variante Las Karreras.
El vecindario.
Leer.
Investigar.
Alegar.
Organizarse.
Salir a la calle.
Repetir.
Sostener.
“hemos hipotecado mucho nuestra vida y nuestro tiempo”.
Aquí no hay épica.
Hay desgaste.
Hay cansancio.
Hay vida puesta en juego.
Pero también hay algo más.
“no hay mayor derrota que la que no se intenta”.
Y eso lo sostiene todo.
Mi posición dentro de este contexto no es externa.
No estoy mirando desde fuera.
Estoy implicada.
El sociograma me sitúa como mediadora dentro de esta red de relaciones, no como observadora neutral, sino como agente que construye relato y visibiliza el conflicto.
Este proyecto no busca explicar lo que ocurre.
Busca acompañar.
Busca amplificar.
Busca aportar.
Si algo ha cambiado en este proceso no es el tema, sino la intención.
Ahora tengo más claro que el proyecto no solo quiere mostrar la lucha, sino también apoyarla.
En este sentido, el trabajo se plantea como un dispositivo que pueda contribuir a visibilizar el conflicto y, potencialmente, generar recursos o apoyo para la propia plataforma, que actualmente necesita financiación para continuar su acción, especialmente en el ámbito judicial.
Y luego está fuera.
El público.
El contexto artístico.
Los espacios de difusión.
El sociograma incorpora esta dimensión para entender que el proyecto no termina en el territorio, sino que se activa en su circulación, generando nuevas conexiones y posibles alianzas.
Porque esto no se queda aquí.
Esto tiene que salir.
Este proyecto ya no trata de representar un lugar.
Trata de posicionarse dentro de él.
De entender que Las Karreras no es una excepción, sino un ejemplo de cómo funcionan ciertas dinámicas: quién decide, quién se beneficia y quién asume el impacto.
Y también de cómo, frente a todo eso, hay quienes no se resignan.
Y siguen.

Este es un espacio de trabajo personal de un/a estudiante de la Universitat Oberta de Catalunya. Cualquier contenido publicado en este espacio es responsabilidad de su autor/a.